Villa Liliana: la universidad del turismo espiritual

El hospedaje principal de Villa Liliana Lodge posee cuatro corredores que permiten apreciar el entorno. Foto: Esteban Mora/RN
¿Alguna vez escuchó del turismo espiritual que es diferente el religioso? Le presento Villa Liliana Lodge, ubicada en Santander, Colombia.

«Yo sabía de turismo, pero no de turismo espiritual. (…)Esto no es religión. Yo no hablo de religión, voy a decir lo que dijo el exsacerdote Gonzalo Gallo González: Yo hoy no tengo religión», explica en año nuevo Alberto Rueda, dueño de Villa Liliana Lodge.

Aunque está abierto para todo tipo de público, el hostal ubicado en la Mesa de los santos, en Santander, Colombia; se creó con el fin para que los huéspedes espirituales salgan con una mejor versión de sí.

Al entrar al complejo de cinco cabañas lo primero que se ve es un rótulo con los Diez Mandamientos de la doctrina cristiana.

Aunque pareciera que todo ahí gira en torno al cristianismo, la conversación de 40 minutos exactos con don Alberto, revela que no. El centro de su filosofía es el ser humano.

«La educación que el parque espiritual quiere proporcionar es para formar una sociedad libre, porque eso de libertad no existe; (…) armónica, bondadosa y buena y supremamente tranquila, que no sufra sobresaltos. Esa es la filosofía de Villa Lililiana», detalla.

Un rótulo que dice «Bienvenido a casa», que guinda en la enredadera con bombillo a la entrada de los hospedajes, realmente lo hace sentir a uno en casa y hace la bienvenida más cálida.

«Si nosotros comprendiéramos lo que dijo Dios de vivir 120 años, nosotros podríamos vivirlos sin enfermedades, podríamos vivirlo en sabiduría, en prosperidad. Vivir bien, dentro del bien, sin ningún tipo de molestia. A mí no se me puede pegar ningún tipo de enfermedad, porque yo estoy como dice el Salmo 91: A la sombra del todopoderoso»

Alberto Rueda, Dueño Villa Liliana Lodge

Es que el clima es frío, el lugar está a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar, pero don Alberto lo resuelve con aromática (té) o café -negro- con panela.

Lleva 26 años desde que se alejó de los ajetreos diarios de oficina y se fue a lo que en su momento era una finca.

«Me preguntaron qué hacía yo aquí y yo decía: vivir. Es que la empresa más importante que tiene el ser humano es su propia vida», dice.

Con 80 años, aparenta 60 y tantos y dice que su misión con Villa Liliana es tocar espiritualmente el alma de un millón de personas. Es por eso que se basó en el Génesis 6:3 y pidió vivir 120 años para cumplir su negocio con Dios.

«Siempre busqué la libertad, entonces un día me metí en el turismo y fue como me hice acá y encontré, algo que yo pienso que todo ser humano busca, la paz, la tranquilidad, la sabiduría. Como que usted encuentra una guía para encontrar su vida y compartir lo que siente en su corazón».

Rueda cuenta orgulloso que su estilo de vida le sirvió para superar enfermedades como la diabetes y que la conexión consigo es tan fuerte que puede controlar cualquier mal que lo aqueje.

«Soy un hombre de fe. No dudo ni un solo momento. Dominé la diabetes que me pronosticaron hace 27 años. Mantengo una salud perfecta, me comunico muy seguido con mi sistema inmunológico, con mi sistema neurológico y desde ahí controlo, perfectamente, cualquier asomo de una enfermedad», expresa.

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Antes de seguir hablando de turismo espiritual hay que tener claro que no es lo mismo que turismo religioso.

El turismo religioso, siempre es espiritual, pero el espiritual no necesariamente es religioso.

El turismo espiritual , es aquella actividad turística que contempla un doble viaje. El del exterior para conocer y el interior para mejorar.

El inicio

«Empecé a arreglar una casita de zinc y de paja. Le metimos diez millones y la arreglamos. Así vivimos 15 años. Después hubo recursos y decidimos cambiar la casa y fue cuando nació Villa Liliana como hostal», rememora don Alberto.

Al sitio iba mucho antes, cuando con dos amigos acampaba, disfrutaba de la gastronomía y decidía desconectarse del mundo.

Rueda trabajó como administrativo de empresas como Avianca, Aerolíneas TAO, creó su propia agencia de viajes y recuerda que en el lugar no había ni un solo árbol, solo cultivos.

Tras comentarle a uno de sus amigos el interés de comprar el terreno, atribuye a la divinidad la oportunidad de hacerse con la propiedad por un precio muy cómodo.

Un de las cabañas de Villa Liliana Lodge. Está equipada completamente. Foto: Esteban Mora/RN

Narra que un día sembrando bambú, después de haber tenido todo tipo de animal y cultivos, le preguntó a Dios por qué le regaló el terreno y entonces a su cabeza llegó la iluminación del parque espiritual.

«Villa Liliana se convierte desde hace diez años en un parque espiritual. Ese es mi proyecto. Hacer 50 cabañas, voy en cinco y me falta un montonón; hacer un templo de sabiduría, no de religión», aduce.

El sitio está disponible todo el año y puede averigüarse más en www.villalilianalodge.co,

Batalla de amor

«Quiero tener una escuela de vida para los niños abandonados por las guerrillas, ultrajados; aquellas madres solteras que se los hicieron por un engaño, una ilusión y que nacen sin amor»

Hay que recogerlos, traerlos a un centro donde se les ame mucho, donde se les enseñe y girar su vida dentro del respeto, dentro del amor, dentro del trabajo, dentro de la fidelidad absoluta a Dios, dentro del cumplimiento de los Diez Mandamientos», confiesa Alberto.

Uno de los proyectos de Villa Liliana, es llegar a trabajar con poblaciones específicas y vulnerables.

Es por eso que el trabajo constante y la apertura abierta al público en general es parte de los medios para llegar a estos grupos.

¿Por qué Villa Liliana? El motivo en primera persona

Alberto Rueda es el propietario de Villa Liliana Lodge. Foto: Esteban Mora/RN

En el 67, a los 24, Alberto se casó con Yolanda, de 18, y juntos concibieron una familia de dos niñas y un niño.

Liliana, una de las mujercitas, trascendió y con el efecto Aikido, de utilizar la adversidad a favor, es que don Alberto hoy le hace honor a su hija:

«Tuve una niña, mi segunda hija, antes de los 15 tuvo un tratamiento porque no había desarrollado. La cosa terminó en que a la niña tuvimos que llevarla al Centro Neurológico en Bogotá y allá falleció».

Entonces como uno es padre, de los vivos y de los muertos, mejor dicho: de los trascendidos, porque nadie muere en este mundo, sino que regresa; entonces yo tomé a la niña como mi ídolo, la honré con el nombre y por una experiencia que viví una noche».

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Estaba solo y empecé a rezar el Rosario, (…) en el tercer misterio le dije a la Virgen: ¿por qué no me dejas, mamita, soñar con la niña o mirarla? Porque Yolanda, mi esposa, la había sentido, había soñado con ella, la había visto».

Bueno, entonces ni corto ni perezoso me acosté, y a los pocos minutos, diría que a los diez minutos o antes; tres golpes sobre el vidrio (los simula sobre la mesa de madera) y yo pensé en mi mamá, no; y otra vez (vuelve a golpear tres veces) ¿papá? No mijo, no; (vuelve a golpear) ¿Liliana? Dijo: sí».

Entonces entró por la ventana, yo lloré como un niño chiquito, me abracé a la niña y ella me dice: papito no llores porque yo soy muy feliz, te quiero dejar porque estoy sufriendo, no llore más (corta la respiración mientras sus pupilas se agüan y los lentes se empañan)».

Uno llega la conclusión que el mundo está loco. Los jóvenes creen que los viejos ya somos rezago de la vida y los viejos no aceptamos a los jóvenes con su nueva vida

Alberto Rueda, dueño Villa Liliana Lodge

Eso me hizo razonar, le conté a mi esposa, ella tardó más tiempo; pero yo flagelo cuando hablo, cuando cuento, pero ya no la miro sufriendo, sé que tengo un ángel y estoy absolutamente seguro, por ella y porque yo lo viví un año antes de la niña morir, yo trascendí, vi mi cuerpo sobre mi cama, me fui por un túnel, pero cuando quise avanzar una luz no me dejó y yo me devolví muy triste, con una música celestial, oscuro todo y se aparece una luz y me señala como que me tengo que devolver, yo regreso y me despierto y Yolanda estaba despierta y le conté».

Entonces yo pensé: esto es un aviso de Jesús. Cuando eso no sabía que la niña iba a morirse. No quiero hacer algo ilusorio, estoy contando algo que viví».

Tuve la bondad de Dios, tuve dos niñas y un varón. (…) Vivo con mi hija y con mi esposa.

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